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¿Has escuchado que algunos asfaltos remotos gritan llamando recuerdos?
..y circundamos sobre ellos; aquellos gritos que quizás atrapados en cualquier calle trasnochada, indescifrable y esquiva, desafían lo fantasmal del destiempo para convertirse en hacedores de rituales (im)perfectos, allí, de nuevo, en tiempos y espacios exactos, con tanta sincronía que sus respiraciones y secretos encajan en un par de olores próximos, con un imán que el positivista llamaría Soledad. Las gargantas -así- no le llamarían, en un coro una y otra vez, infinitamente otra vez.. hasta no querer volver a cruzar esos umbrales nocturnos del des-apego, que deciden imponentes, extraños a dos, ajenos a ese espacio donde el frío se condensa en calor y viceversa, y no se sabe si se llegó a construir en conjunto pero a idealizar tan individualmente que se preguntan ¿cómo?, esa cuestión iterable que sólo puede responder la (in)distancia; y así es mejor, quizá de esa forma se les permita un lenguaje más transmisible, más perdurable e inmortal.